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La agravante de orientación sexual: un análisis del asesinato de Samuel

julio, 2021

Samuel Luiz, de 24 años, fue asesinado en A Coruña, Galicia, el pasado 3 de julio. El joven, que había salido del pub en el que se encontraba, estaba en medio de una videollamada cuando fue increpado por un individuo, que le gritó “para de grabarnos si no quieres que te mate, maricón”. Éste le empezó a golpear, justo después de que Samuel le hubiera respondido “maricón de qué”, agresión que consiguió parar una tercera persona que se interpuso. Sin embargo, momentos más tarde, el agresor regresó al lugar junto con un numeroso grupo de personas, quienes empezaron a agredir de nuevo a la víctima, mientras recibía comentarios homófobos.  Al cabo de poco llegaron los Servicios Médicos, quienes intentaron reanimarle sin éxito, falleciendo -posteriormente- en el Hospital. 

A la espera de un ulterior desarrollo de la investigación, el caso plantea dudas acerca de si sería posible aplicar el artículo 22.4 CP, que agrava la responsabilidad de aquellos que hayan cometido un determinado delito motivados por la orientación, identidad sexual o de género de la víctima. Para que el tribunal aplique esta circunstancia, deberá quedar probado que la agresión tuvo su origen en la condición de homosexual de Samuel (vid. STS 212/2018, de 26 de marzo). Es decir, no es suficiente con que se constate que, durante la comisión del hecho delictivo, se profirieron insultos homófobos.

En diversas resoluciones, para aplicar la agravante del art. 22.4 CP, el Tribunal Supremo ha tenido en cuenta que los autores de delitos contra la vida o la integridad física de la víctima hicieran comentarios referidos a su condición de homosexual (a modo de ejemplo, vid. 1341/2002, de 17 de julio). Sin embargo, resultará muy relevante que, además, se aporten otras pruebas e indicios que sustenten el orígen homófobo de la agresión. Así, por ejemplo, la interpretación que se haga del hecho que los autores no conocieran a la víctima con anterioridad; o, mucho más polémico -sin duda-, la expresividad y apariencia externa de la víctima que, partiendo de concepciones claramente machistas, podría haber hecho que los autores infirieran que Samuel era homosexual.

Por otro lado, parece que esta circunstancia debería poder aplicarse, también, cuando la orientación sexual de la víctima no sea la motivación originaria de la agresión, pero surja de forma sobrevenida. Esto sería especialmente relevante en aquellos casos en los que, a pesar de que la agresión tuviera su origen en otras causas, en un momento posterior, debido a la condición de homosexual de la víctima, se intensificase el acometimiento, pasándose, por ejemplo, de un delito de lesiones a un delito de homicidio o asesinato.

Finalmente, en el caso de que el tribunal considerase que la agresión no tuvo su origen en la condición de homosexual de la víctima y, en consecuencia, no aplicase la agravante, podría plantearse también un segundo castigo por delito de odio, según lo previsto en el art. 510.2.a) CP. Éste precepto tipifica aquellas lesiones a la dignidad de una persona determinada por razón de su orientación o identidad sexual, mediante acciones que entrañen humillación, menosprecio o descrédito. Así, dado que durante la agresión se insultó e amenazó a la víctima al grito de “maricón”, podría argumentarse que estas expresiones tienen una sustantividad propia que impide que sean absorbidas por el delito de lesiones u homicidio y que, por lo tanto, deban castigarse de manera autónoma a través de un delito de odio.