Slide Nuestras reflexiones sobre actualidad penal y algunos consejos preventivos.
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Las distintas realidades del compliance

diciembre, 2020

La regulación jurídico-penal y, sobretodo, la autorregulación normativa y la práctica profesional han generado una estandarización de la propia metodología y contenido de los modelos de compliance. Pero esta estandarización sigue conviviendo con la necesidad de tener en cuenta, entre otros aspectos, la naturaleza de la organización empresarial en cuestión.

Fijémonos en dos clases de empresas: las pymes y los grupos de empresas.

Para las pymes no es fácil adaptar las exigencias de los compliance con su propia estructura organizativa y sus recursos. Hay que tener en cuenta que, bajo la categoría de pymes, se pueden distinguir empresas muy distintas: desde microempresas, empresas pequeñas y empresas medianas. Aunque todas ellas tengan personalidad jurídica privada y, por tanto, puedan llegar a ser acreedoras de responsabilidad penal (¡!), la adopción de un modelo de compliance como herramienta para evitar o, cuando menos, reducir su responsabilidad puede ser incluso contraproducente. Y es que poco sentido tiene que una microempresa de tres trabajadores adopte una política de compliance, un código ético e incluso distintos protocolos de prevención. Y ello no porque no pueda tener riesgos delictivos, sino porque esos riesgos se van a concentrar en la conducta de una o pocas personas y no en la desviación o defecto estructural. ¿Qué añade entonces el compliance a lo que ya existía (cumplir con la norma)?

Lo que sucede en los grupos de empresas es lo contrario. Su complejidad organizativa pone a prueba la rigidez que suele caracterizar a la regulación jurídico-penal. Si nos aproximamos al compliance desde el Derecho penal, el contexto de referencia es la empresa que tenga personalidad jurídico-privada. El grupo de empresas, como tal, no la tiene.

¿Qué hacemos? ¿Un programa de cumplimiento para cada una de las sociedades que conforman el grupo? Tampoco tiene sentido. Y es que, la lógica de la actividad empresarial probablemente no encaje con la dimensión individualizada de la concreta persona jurídica en nombre y en beneficio de la que se actúa, sino que, más bien, atienda a la que sea el área de negocio que se deba desarrollar (aglutinando aquí distintas sociedades) en el grupo.

En esta medida, tratar de compatibilizar las exigencias penales con las necesidades empresariales no es, en absoluto, tarea sencilla. Y, cuando esto no se tiene en cuenta, es mucho fácil detectar un paper compliance.